Guía
Várices en las piernas: por qué aparecen y qué ayuda
Las várices son venas dilatadas que aparecen cuando las válvulas que empujan la sangre hacia arriba dejan de cerrar bien. Son más frecuentes con la edad, el embarazo y las horas de pie. No suelen ser graves, pero moverse, usar medias de compresión y elevar las piernas ayuda a sentirlas mejor; el médico decide si hace falta un procedimiento.
En resumen
- Qué son
- Venas dilatadas por válvulas que fallan
- Molestias frecuentes
- Pesadez, hinchazón, calambres
- Qué ayuda
- Moverse, medias de compresión, piernas en alto
¿Qué son las várices?
Las várices son venas que se ven hinchadas, retorcidas y de color azulado o morado bajo la piel, casi siempre en las piernas. Aparecen porque las válvulas que ayudan a subir la sangre hacia el corazón dejan de cerrar bien: la sangre se devuelve, se acumula y la vena se estira con el tiempo.
No son lo mismo que las arañitas vasculares, esos hilos finos, rojos o azulados, que quedan planos sobre la piel. La guía sobre arañitas vasculares explica esa diferencia con más detalle si lo que tiene son esos hilos y no venas abultadas. Las várices, en cambio, se sienten al pasar la mano, y a veces laten o duelen después de un día largo de pie.
| Várices | Arañitas vasculares | |
|---|---|---|
| Tamaño | Venas abultadas, a veces retorcidas | Hilos finos, como una telaraña |
| Color | Azuladas o moradas | Rojas o azules claras |
| Al tacto | Sobresalen | Quedan planas en la piel |
| Molestias | Pesadez, dolor, calambres | Casi siempre ninguna |
Insuficiencia venosa: el nombre completo
En la consulta médica, las várices suelen aparecer bajo el nombre de insuficiencia venosa, que es el término más amplio para cuando las venas de las piernas no devuelven bien la sangre al corazón. Las várices son la señal más visible de esa insuficiencia, pero no la única: la hinchazón de los tobillos, el cambio de color de la piel cerca del tobillo o una vena que se siente más dura también forman parte del mismo cuadro, incluso cuando todavía no hay una vena abultada a la vista.
¿Por qué aparecen?
Varias cosas influyen a la vez, y casi nunca es una sola causa:
- La herencia. Si sus padres o hermanos tienen várices, el riesgo es mayor; se hereda más la tendencia de las válvulas a fallar que la vena en sí.
- La edad. Las válvulas de las venas pierden fuerza con los años, y las paredes de la vena se vuelven menos elásticas.
- Ser mujer, el embarazo y las hormonas. Los cambios hormonales y el peso del embarazo aumentan la presión en las venas de las piernas; por eso es frecuente que las várices empiecen o se noten más durante un embarazo.
- Pasar muchas horas de pie o sentado. En trabajos de mostrador, cocina, salón o escritorio, la sangre tiene que subir contra la gravedad sin la ayuda del movimiento, así que se acumula más abajo.
- El exceso de peso y la vida sedentaria. Cargan más presión sobre las venas de las piernas y, al mismo tiempo, dejan que la bomba muscular de la pantorrilla trabaje menos.
- El calor. Dilata las venas y hace más lento el retorno de la sangre, por eso las piernas se sienten peor en las épocas y las horas de más calor.
Ninguno de estos factores por sí solo explica por qué a una persona le salen várices y a otra no; casi siempre se van sumando varios al tiempo, y por eso dos personas con el mismo trabajo pueden tener resultados distintos.
¿Qué molestias dan?
Lo más común es sentir las piernas pesadas al final de la tarde, con algo de hinchazón alrededor de los tobillos. También son frecuentes el ardor, la picazón cerca de la vena, los calambres nocturnos y un dolor sordo que mejora al acostarse con las piernas en alto.
Hay personas con várices bien visibles que no sienten nada, y otras con venas apenas marcadas que sí tienen molestias todos los días. La sensación no siempre va de la mano con lo que se ve en la piel. Si lo que más le pesa es esa fatiga de las piernas más que las venas en sí mismas, esta guía se enfoca en ese síntoma.
Con los años, la piel que está cerca de una várice grande puede cambiar de color, ponerse más oscura o más seca. Ese cambio no aparece de un día para otro, y cuando lo hace conviene mencionarlo en la próxima consulta en lugar de esperar a que empeore por su cuenta.
¿Son peligrosas?
En la mayoría de los casos, las várices son una molestia estética y física, no una urgencia. El asunto cambia cuando se suman otras señales: una vena que se pone dura y dolorosa, una pierna que se hincha de un día para otro, una herida cerca del tobillo que no cierra o una vena varicosa que sangra.
Estas complicaciones no son frecuentes, pero conviene saber a qué se refiere cada una. Una vena dura, caliente y dolorosa al tacto puede ser una flebitis, es decir, una inflamación de la vena. Un dolor de pantorrilla que aparece de golpe, sin golpe ni causa clara, puede señalar un coágulo más profundo, y por eso no se maneja igual que una molestia venosa común. Una herida que no cierra cerca del tobillo, después de meses de piel más frágil en esa zona, es lo que se conoce como úlcera venosa, y necesita manejo médico para sanar bien.
Ante cualquiera de esas señales conviene pedir una cita pronto: no forman parte del curso normal de unas várices, y las valora un médico.
¿Qué ayuda en el día a día?
Moverse es lo que más ayuda: caminar activa la bomba muscular de la pantorrilla, que es la que empuja la sangre hacia arriba. La guía de circulación en las piernas reúne ejercicios sencillos para hacer en la casa o en la oficina.
Elevar las piernas por encima del nivel del corazón un rato al día también alivia la pesadez. Las medias de compresión gradúan la presión de tobillo a rodilla y son una de las medidas con más respaldo. Bajar de peso si hay exceso, y evitar fuentes de calor directo en las piernas —agua muy caliente, sauna, sol largo— completan la rutina diaria.
La ropa y el calzado también pesan en esto. Las prendas muy ajustadas en la cintura o en la ingle pueden dificultar el retorno de la sangre desde las piernas, y los tacones altos durante jornadas largas cambian la forma en que trabaja la pantorrilla. Tampoco hace falta ir al extremo contrario: lo que ayuda es un calzado cómodo que permita el paso normal del pie, y alternar ratos de pie, caminando y sentado en vez de quedarse fijo en uno solo.
¿Qué opciones médicas existen?
Cuando las medidas caseras no bastan, hay procedimientos que un médico puede valorar. La escleroterapia inyecta una solución que cierra la vena por dentro; el láser y la ablación por radiofrecuencia usan calor a través de un catéter para sellarla desde adentro; la cirugía retira la vena en los casos más extensos, cuando es grande o está muy retorcida. La mayoría son procedimientos ambulatorios, con anestesia local y una recuperación de pocos días, y la elección depende del tamaño, la ubicación y la causa de fondo de la várice, algo que valora un especialista caso por caso, no una tabla general de internet.
Antes o después de estos procedimientos, es habitual que el médico indique medias de compresión durante un tiempo, como parte de la recuperación.
También existen medicamentos venotónicos que se formulan por prescripción médica, distintos de un suplemento de venta libre. Una revisión Cochrane sobre este tipo de medicamentos encontró que probablemente reducen un poco el edema, pero casi no cambian la calidad de vida de quien los toma, y traen algo más de efectos digestivos que un placebo. No todas las personas con várices necesitan uno de estos medicamentos.
¿Dónde encaja un suplemento?
Además de estos hábitos, algunas personas suman una cápsula diaria pensada para acompañar el cuidado de las piernas cansadas, pesadas o con várices, como parte de la rutina y no como reemplazo de nada de lo anterior. Acá explicamos qué es Calmano y para quién está pensado.
Ningún suplemento quita las várices que ya salieron ni cambia el tamaño de una vena. Lo que puede cambiar con la rutina diaria —el suplemento junto con moverse, elevar las piernas y usar medias si le sirven— es cómo se sienten las piernas al final del día, y eso varía de una persona a otra. Quien busca que la vena en sí cambie tiene, en las opciones médicas del apartado anterior, el camino que corresponde.
Calmano
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Preguntas frecuentes
¿Las várices se pueden quitar solas?
No. Las várices no desaparecen solas, aunque las molestias pueden ir y venir según el calor o cuánto tiempo pase de pie. Moverse, usar medias de compresión y elevar las piernas ayudan a sentirlas mejor.
¿Por qué salen más en mujeres?
Las hormonas femeninas y los cambios del embarazo aflojan un poco la pared de las venas y facilitan que las válvulas fallen. El embarazo, además, aumenta el volumen de sangre y la presión sobre las piernas. Por eso son más frecuentes en mujeres, aunque también aparecen en hombres.
¿Hacer ejercicio empeora las várices?
No; caminar y mover las piernas ayuda a que la sangre suba mejor. Lo que puede molestar más es estar de pie y quieto con carga alta.
¿Qué especialista las trata?
El médico general puede orientar el primer paso. Para valorar la vena en detalle suelen remitir a angiología o cirugía vascular, y cuando lo que hay son arañitas también entra la dermatología.
¿Las várices son hereditarias?
La tendencia sí se hereda: si hay várices en la familia, el riesgo es mayor. Eso no significa que vayan a salir sí o sí, ni que no salgan si nadie en la familia las tiene; el trabajo de pie, el peso y las hormonas también pesan.
¿Es normal que duelan?
Cierta pesadez o un dolor sordo que mejora al elevar las piernas es frecuente. Un dolor fuerte, repentino o que no cede con el reposo no es lo esperable, y conviene que lo revise un médico pronto.
Fuentes consultadas
Redactado por Equipo de Salud en Colombia